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:: Mauro Kwitko :: Traducción: Marta Susana Pacho martaspar927@yahoo.com.ar Hace mucho tiempo los psicoterapeutas y las personas que creen en la Reencarnación vienen cuestionando el enfoque tradicional de la Psicología oficial, su limitación apenas a esta vida, su visión de un inicio y un fin, como si no existiésemos antes, y anhelan una nueva manera de ver y tratar nuestros problemas y conflictos, emocionales y mentales, a partir de los principios reencarnacionistas. Pues bien, ahora ya existe esa nueva visión psicoterapéutica, no es una nueva línea de la Psicología, es una nueva Escuela de Psicología. Esa nueva Psicología está alineada con las concepciones reencarnatorias y la llamé Psicoterapia Reencarnacionista. Ella no viene a combatir a la Psicología tradicional ni a destruirla, y si, para abrir sus fronteras; del nacimiento para atrás, rumbo a nuestro pasado transpersonal, y del desencarne para adelante, rumbo a nuestras encarnaciones futuras. Es la expansión de la Psicología tradicional, de esta vida apenas, heredera del Consciente Colectivo no reencarnacionista, originado en las concepciones religiosas dominantes en occidente. El motivo de que la Psicología oficial no lidie con la Reencarnación, se debe a la acción del Emperador Justiniano, quien en el año 553 d.C. convocó el Concilio de Constantinopla, invitando solamente a los obispos de oriente (no reencarnacionistas) y decretando que la Reencarnación no existe. Esta acción fue la resultante de las influencias de su esposa Teodora, ex cortesana, hija de un cuidador de osos del anfiteatro de Bizancio, que para liberarse de su pasado, mandó matar a sus antiguas compañeras, y, para no sufrir las consecuencias de esa orden cruel en otra vida, tal como preconiza la ley del Karma, se empeñó en suprimir la magnífica doctrina de la Reencarnación. Este Concilio, no pasó de un encuentro que excomulgó y maldijo la doctrina de la preexistencia del alma, con protestas del Papa Virgilio, secuestrado y mantenido prisionero de Justiniano durante 8 años, por haberse rehusado a participar de ese Concilio! De los 165 obispos presentes, 159 eran de la Iglesia Oriental, y tal hecho garantizó a Justiniano los votos que necesitaba para decretar que la Reencarnación no existe. Así, la Iglesia Católica, se tornó una iglesia no reencarnacionista y más tarde, sus disidentes, también llevaron consigo ese dogma. Con el predominio de esas iglesias no reencarnacionistas en occidente, se creó pues, en el Consciente Colectivo de estos pueblos, la idea de que la reencarnación no existe, y bajo esta idea nacen la Psicología y la Psiquiatría, que tampoco concuerdan con la Reencarnación. Otros motivos que llevaron a la Iglesia Católica a decidir la inexistencia de la Reencarnación, podrían ser ideas de dominación, amenazas, evolución espiritual solo posible para los representantes de Dios, ganancias materiales, etc.; voy a dejar a cargo de los lectores el estudio de estos motivos. Esto representó uno de los mayores atrasos de la historia de la humanidad, que hasta hoy nos afecta, pues tenemos una Psicología y una Psiquiatría que se limitan solamente a la vida actual, ignorando todo un material de estudio y análisis de nuestro pasado, escondido en nuestro Inconsciente. Y es aquí que estamos entrando, siguiendo la orientación del Dr. Freud. Entrando en el Inconsciente de las personas se alcanza la Reencarnación. ¿Eso es religión? No, eso es investigación científica, eso es el emerger de una nueva Psicología y una nueva Psiquiatría. La diferencia fundamental entre la Psicoterapia Reencarnacionista y todas las anteriores, es justamente que la Reencarnación es su elemento básico y a partir de allí es que todo se estructura. Sus pilares son: la personalidad congénita y la búsqueda de la evolución espiritual. La finalidad y el aprovechamiento de una reencarnación son sus directrices. No debe ser confundida con la Regresión Terapéutica, que es una técnica utilizada para desconectar a las personas de situaciones traumáticas de su pasado, que aún siguen en su Inconsciente, originando síntomas, principalmente los casos de fobias y síndrome de pánico, que pueden ser, de ese modo, curados rápidamente. No debemos confundir la Psicoterapia Reencarnacionista con la Regresión Terapéutica: la primera es una Escuela de la Psicología, la segunda es una técnica. La regresión no debe ser utilizada para que una persona sepa quien fue, quienes fueron otras personas, y otras curiosidades por el estilo; debe ser utilizada desde el punto de vista ético, según el cual, la única finalidad consiste en desconectar al paciente, de un hecho traumático de otra encarnación, al cual aún está ligado, como si todavía estuviese allá. Esa es la principal causa de las Fobias y de los Trastornos de Pánico, como también de las depresiones refractarias a los tratamientos. En la Sociedad de Psicoterapia Reencarnacionista, no somos nosotros quienes realizamos la Regresión, y si, el Guía Espiritual del Paciente; nosotros solo colaboramos en esa acción, ayudándolo a realizar una relajación de su cuerpo físico y una expansión de su Consciencia, pero no dirigimos la regresión. Luego de un breve tiempo, su Mentor lo conduce hacia un hecho del pasado con el que aún está sintonizado, y a partir de ahí, la persona va recordando hasta el fin de aquel hecho, hasta su desencarne en aquella vida, hasta subir hacia la Luz, hasta referirse a un sentimiento de bienestar. Con esto se completa una desconexión de aquella situación y la Fobia, el Trastorno de Pánico, la depresión, mejoran mucho o se curan. Claro que esto también es fruto de lo que la persona merezca, o sea, si ya puede curarse de esas patologías o todavía no. Después de muchos años de ejercicio de la Medicina homeopática, de Terapia Floral y de trabajo en Centros Espiritistas, mi oficio como médico se fue amoldando de modo de tratar los problemas emocionales y mentales de los enfermos y sus repercusiones físicas, a partir de la finalidad de la existencia, de los objetivos de la Reencarnación, de la razón por la que nuestra Esencia está acoplada a un cuerpo físico, en esa dimensión, por un cierto tiempo.
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