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:: Izabel Telles :: Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com Hay muchas invitaciones en el aire. Enseñanzas, canalizaciones, noticias del mundo de las estrellas, del espacio infinito del Universo sin fin. De todo lo que he venido leyendo, asistiendo, estudiando y conversando, algo ha quedado fuerte dentro de mí: las puertas están abiertas y la oportunidad llama a nuestra Casa invitando a todos al gran salto de fe. Nuestro cerebro procesa informaciones y nuestra mente archiva datos y sentimientos en forma de imágenes. El conocimiento circula por la red y quien desee saber no tiene más que enchufar la toma en la corriente que circula repleta de palabras y razonamientos como nunca se ha visto, creo yo. En medio de todo esto he preferido calmar la información que entra por el lado izquierdo de mi cerebro, intentando sentir, intuir en lugar de comprender como se comprenden los teoremas en matemáticas. Está claro para mí que esta puede ser una de las formas de dar el tal salto de fe. Aquel salto que practicamos sin paracaídas ni dudas, recuperando la inocencia de las criaturas, haciendo autostop en los vuelos ilimitados de la imaginación y de los cuerpos más sutiles, de los mundos más altos, subiendo la escalera que liga la tierra al cielo. Un salto tan protegido que ni siquiera necesitamos red de seguridad. Sentimos que nos amparan y sostienen fuerzas que no podemos ver con los ojos del cuerpo físico. Pero que sentimos profundamente con los ojos del alma. En el nuevo lenguaje del mundo – que nos invita a romper fronteras –, fe puede ser también sinónimo de intención. Así, el refrán la fe mueve montañas queda bien reeditado como la intención mueve montañas. Al permitir que la fe se manifieste en nosotros, creamos raíces de fuerza y seguridad y podemos, entonces, entregar nuestro día a quien sabe más y ve más lejos dentro de nosotros. He venido haciendo esta entrega cada vez más. Claro que para ello he quitado la televisión para fuera del alcance de mis ojos, desvío la mirada de las escenas de violencia, sustituyo las palabras menos buenas por afirmaciones de luz y paz. De esta forma, voy dando mi salto de fe, dejando caer por tierra muchos patrones y creencias que he ido acumulando a lo largo de mi andadura. Recibe la belleza del Tajo, este río iluminado que corta Portugal y salta al Océano Atlántico, el mismo que salta por las costas de Brasil.
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